martes, 28 de junio de 2011

Sin previo aviso

No avisó. No dejó nota en el frigorífico. Ni siquiera una llamada de advertencia. Preparó una pequeña maleta y antes de cruzar el umbral, echó la vista hacia la casa que la había cobijado en los últimos cinco años. La que ella había considerado su hogar hasta hace aproximadamente un año, cuando todo cambió. Él tampoco le avisó. De repente, un día, ella se dio cuenta que sus ojos no guardaban el cariño que antes le profesaban. Las caricias se distanciaron al igual que él, cada vez más distante, más desconocido. 
Ella tardó en aceptarlo, pero el amor al igual que viene se va, sin avisar, sin poder evitarlo. Él no era el culpable, solamente pasó, al igual que las cosas que tienen que pasar: un accidente de tráfico, un error en el informe de administración. Siempre atento, siempre trabajando para evitar la más mínima incidencia, pero, un día de repente, sucede y todo cambia, tu propia visión de las cosas cambia.
Y, ahora, ella, dolida, triste, cierra aquella puerta por última vez, esperando lamer sus heridas en la soledad de otra casa, de otro hogar.

sábado, 18 de junio de 2011

Personajes en busca de autor

Tú, esculpido por los vientos del Mediterráneo. Cincel de plata perforando los surcos musculares dorados por el sol. Yo, piel transparente como el agua del riachuelo, que desciende directamente desde la montaña. Nos hizo coincidir en este universo del caos; dos seres, dueños de las palabras, inexpertos de la razón. Él sólo fue el guionista de esta historia, un simple dactilógrafo de nuestras conversaciones. Las palabras fueron nuestra conexión. Miradas silenciosas plasmadas a través de la hoja. Sin embargo, nos dejó aquí olvidados y ahora ninguno de los dos sabe cómo continuar. Somos meros personajes en busca de un autor que les indique el siguiente paso, ¿tú quieres ser mi autor, caos? 

Nota: El título de esta entrada se debe al libro "Seis personajes en busca de autor", de Luigi Pirandello. Es una obra de teatro que leí hace bastantes años. 

viernes, 10 de junio de 2011

Abstinencia de Palabras (reeditada)


Los primeros rayos del sol se perfilaban a través de la ventana. Ella se removió en la cama y restregó sus ojos, sin desmaquillar. La melena revuelta. Una vieja camiseta que alguien olvidó, hacía las veces de pijama. Así, sostribada en el perfil del balcón, desperezándose, perdía su mirada en el horizonte del Mediterráneo. Le gustaba pensar que su "otro yo" se perdía a lo lejos, en otra vida, en otros territorios, en otras lenguas. Hacía meses que la abstinencia formaba parte de su vida; decidió que el amor sólo era para valientes y ella ya estaba llena de consecuencias de guerras anteriores. Optó por la abstinencia sexual cuando ya no fue capaz de recordar los nombres ni las caras de aquéllos con quien había compartido tan íntimo momento. Y, las palabras, refugio de su soledad, se iban despidiendo cortésmente de las yemas de sus dedos. Y, sabéis, ésta era la abstinencia más dura y cruel que sufría mientras su mirada se perdía con el oleaje
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Las fotos no tienen nada que ver con el texto. Son las últimas que he hecho y me apetecía compartirlas. La moto es de mi padre y tendrá algo más de veinte años. La que está sobre la moto, soy yo.