martes, 29 de marzo de 2011

Apagando la llama

     Desde fuera sientes como su luz se va apagando, como el atardecer al esconderse tras el horizonte, sólo que tu mirada no es de dulzura, sólo de inmensa tristeza. Los meses han ido pasando entre consultas, médicos, pruebas, esperanza, desconcierto. Los peores temores acaban siendo la realidad más cruel que se presenta ante tus ojos negándose a partir hacia otros mundos. El corazón se debate entre dos sentimientos: la necesidad de un hijo por su madre y su negación ante la vida a renunciar a su pilar, a su sujeción para poder afrontar las adversidades; y, la de un ser humano viendo sufrir a otro y optar porque aquel sufrimiento sea mínimo, efímero. En ese momento, tu corazón susurra hacia dentro, "es hora de dejarla marchar" y tú asumes que ya eres suficientemente adulta para actuar en consecuencia, incluso parece que asientes a tu yo interior. Pero, acéptalo, nunca lo harás. Incluso, después, cuando ya sólo quede su recuerdo, o su olor tras la puerta, sabrás que aún seguirás pensando que al cruzar el umbral ella seguirá estando ahí como si nada hubiera pasado, como si la enfermedad no se hubiera llevado su esencia, como si su sonrisa siguiera iluminando cada rincón de esta casa, hoy tan oscura, tan enferma, tan diferente a ella. 
    Por ello, hoy a su lado debes estar porque en su recuerdo estarán la sonrisa que le dedicaste la primera vez que viste la luz, o aquella mirada de niña perdida cuando te soltó la mano el primer día de cole, o incluso la última vez que entraste por esa puerta llorando porque alguno te rompió el corazón. Aunque ahora sólo veas una mirada perdida en el horizonte que se pierde entre tantos familiares, su horizonte sois vosotros y necesita tu mano para conectar a un tiempo pasado sin esta enfermedad.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Premio Astronauta

     Sólo quería agradecer a Ms.Cyanide