lunes, 31 de enero de 2011

Outras coisas

    He de reconocer que no soy muy dada a este tipo de cosas. Es más, ni si quiera repartí los otros dos que me dieron. Soy muy perezosa para ello, como ya habréis comprobado. Sin embargo, como este nuevo premio conlleva decir algo sobre mí misma trataré de respetar alguna de las condiciones, aunque el premio me lo guardaré para mí, con permiso de Big.Small.Big.Small. 

     Primero he de agradecerle a Big.Small.Big.Small por acordarse de mí al concederme este premio. Si queréis visitar su blog (por supuesto, os lo recomiendo) os dejo el enlace: http://tansimplecomocorrecto.blogspot.com/

Creo que, sin buscarlo directamente, al fin y al cabo, todos pretendemos que nuestras letras tengan un fin o creen un sentimiento en el lector. Sólo vosotros sabréis si se consigue. 

Siete cosas sobre mí:

* No me gusta hablar de mí misma.
* Hace menos de dos semanas que llevo aparato en los dientes, ¡por segunda vez!
* Escribo y hablo portugués.
* Me he mordido las uñas hasta hace un par de años.
* Me encanta ir de compras.
* Estoy haciendo un curso de fotografía.
* Tengo un cocker que es un puro nervio.

Bueno, creo que es todo. Gracias.

lunes, 24 de enero de 2011

No me robes

No me robes el rayo de sol sostribado sobre tu mejilla.
No me robes tu mirada.
No me robes las caricias de media mañana.
No me robes las palabras calladas.
No me robes las fantasías pendientes.
No me robes los silencios hablados.
No me robes las fotos en blanco y negro.
No me robes tus momentos compartidos conmigo.

Shhhh no te atrevas a robarme mis recuerdos.

miércoles, 19 de enero de 2011

Amor perseguido, amor sin sentido


     Tal vez éstas seas mis últimas palabras. Presiento el fin cada vez más cerca. Las fuerzas hace ya tiempo que me abandonaron. Miro con tristeza hacia atrás, hacia aquella familia que me vi obligada a abandonar, hacia aquella vida que ya no existe en mí. Mi equipaje es cada vez más ligero, como lo son ya mis recuerdos. La vida de antes, la que ahora añoro, se difumina cuando trato de pensar en ella. Me cuesta recordar las facciones de mi madre cuando me despertaba cada mañana para ir a la universidad, sin embargo, nunca olvidaré la tristeza de sus ojos el día que me vio partir; ambas sabíamos que sería para siempre. Cuando me di cuenta de que los recuerdos empezaban a desvanecerse, decidí escribir un diario, pero un diario de recuerdos. No importaba la línea temporal, sólo que fueran míos, que fueran reales. Necesitaba recordarme a mi misma que antes de esto, antes, yo tenía una vida, que yo era feliz.
     En los últimos tres años, he cambiado dos veces de país, cuatro veces de ciudad, seis universidades distintas y quince casas diferentes. Pero, siempre, siempre, me acaba encontrando.
No hay forma posible de huída, porque él siempre estará ahí. En cada paso que doy, siento su presencia. El teléfono a medianoche me recuerda su callada voz nombrándome. Clases, gimnasio, trabajo, autobús, metro, calles, parques, está en todas partes. Sus pasos se mueven al compás de los míos, como si yo fuera una marioneta manejada por sus sucias manos. 
No hay escondite, el acoso no entiende de lugares prohibidos ni de distancias mínimas. ¿Dónde estaban ellos cuando cada noche su silueta descansaba frente a mi ventana? ¿O cuándo el roce de su mano me despertó al amanecer?  ¿Y cuándo palpo cada mañana la cicatriz de mi costado por su última prueba de amor?
Éstas serán mis últimas palabras. Las fuerzas ya se agotaron. Ya no habrá huída. Volveré a mi hogar. 

"Ven a mí, cariño, te voy a demostrar mi amor."

     Ésta fue la carta recibida por la madre de la presunta asesina tres días después del fatídico suceso. El joven, P.J.M., fue asesinado de tres puñaladas en el costado derecho, al igual que reza la cicatriz que en la carta refiere la joven, C.S.Z., en la casa que ésta residía. La joven llamó directamente a la Policía para indicar que acababa de matar a un chico. Su única petición fue ser juzgada en su país de origen. Al tratarse ambos de ciudadanos españoles, el Gobierno Alemán, junto con la Embajada Española, han acordado que así sea.
 
Madrid, 15 de octubre de 2010

domingo, 16 de enero de 2011

Desencuentros buscados

¿Qué esperas encontrar? ¿Dulces despertares con tortitas y chocolate? ¿Tardes de lluvia jugueteando en el sillón? Reconócelo, eso no es para ti. Contigo no hay comida los domingos en casa de mis padres. Ni paseos al atardecer. Contigo no hay rutina de lunes a domingo ni sueños en el colchón. Tú estás podrido de caos y yo, hija bastarda, de la tradición. Contigo sólo hay arranques de improvisación y carreras a mil por hora. Huyendo cada noche de ti mismo con miedo a tener que parar y dejarte seducir por el paisaje. Tal vez quisieras quedarte. Y yo parando en cada rincón deseando permanecer quieta. No quiero que me busques. Seríamos el desencuentro esperando ser olvidado en una noche de estrellas fugaces. O un caballito a 200 por hora. Excitante, pero efímero. Nunca dejarás de buscar, pero sólo necesitas encontrarte a ti mismo.
Él, con ojos perezosos, vio el haz de su silueta, escapándose por la puerta. Ella, paralizada, descansaba en el umbral, con manos temblorosas. Ésta fue la última vez que se les vio juntos. Ahora, él huye de cama en cama, buscándola entre caricias y pensamientos. Ella, buscándose entre sus recuerdos.

viernes, 14 de enero de 2011

Anonimato y fantasía


      Ese día estaba demasiado descentrada para concentrase en el libro que presidía la mesa de centro. Tras un breve zapping por los cientos de canales disponibles, dónde pasaba de series de los 80´s a productos milagrosos, optó por perderse entre las posibilidades de internet. Sin embargo, es difícil buscar cuando ni siquiera sabes que estás buscando. Revisó de arriba a abajo los marcadores guardados en los últimos años. No acostumbraba a hacer limpieza, como habéis podido comprobar. Después de una larga hora, se percató de un pequeño icono blanco; marcado como chat. Le vino una sonrisa a la cara recordando las conversaciones con desconocidos, los encuentros virtuales entre dos mentes liberadas. Por ello, se vio tentada de revivir viejas emociones. Ya había olvidado completamente su viejo Nick, aunque sus ojos se entrecerraron intentando recordarlo. Esta vez eligió "mariposa", como la que llevaba tatuada bajo el ombligo, muy cercana a su ingle.
     Empezó una conversación mundana, de esas que se tienen con los desconocidos durante el trayecto del ascensor. Ninguno quería dar demasiados detalles. A todos les gusta enmascararse tras el anonimato. Éste produce cosquilleo en el estómago e ilusión en el alma. Internet fue creado por y para tímidos, así se esconden detrás de teclas y falsas apariencias, o, simplemente, es el único momento del día, cuando todos ellos se liberan de su capa y pierden el miedo a desnudarse. Nombres. Profesiones. Música. Cine. Trabajo. Parejas. Todo ello, en menos de 20 minutos. Casi sin darse cuenta, se encontraron hablando de sexo, simplemente. Sexo sin tapujos, sin torpezas; sólo sexo, pura atracción sexual magnética. Gustos. Fantasías. Prohibido. Excitación. De repente, sintieron cómo el calor subía a sus mejillas y cruzaba entre sus piernas. Palabras medio cortadas, escritas a una sola mano. Confesiones a media voz. A veces uno se pregunta por qué uno acababa sintiéndose más cómodo, más sincero, con un desconocido, que con quien te rodea día a día.
    Una, confesó desear cada noche al novio de su hermana. Permanecía atenta a los jadeos que atravesaban la pared cada fin de semana. Incluso, se paseaba semidesnuda, deseando en secreto que él la sorprendiera en la cocina, mientras saboreaba delicadamente un rico helado de chocolate. Dos cuerpos sobre el  frio mármol. La otra, despertaba cada noche entre sudores y con una única imagen en su cabeza, su cuerpo siendo desnudado por su vecina del quinto, mientras su amoroso novio contempla la escena. A veces, usa el telescopio, para ver al guaperas del edificio amarillo, el de la cuarta planta, tirándose a la elegida de turno. Contempla tranquilamente la escena mientras acaricia su cuerpo hasta extasiarse al compás de la pareja culpable de tal excitación.
   Así, entre confesiones, sudores y calentones, pasan a ser dos desconocidas que se desean mutuamente a través de simples palabras que detallan cada gesto, cada sensación, cada placer. La noche las protege, el anonimato las oculta.

martes, 11 de enero de 2011

Tic, tac, tic, tac.

Sólo son cinco minutos tarde, seguramente habrá tenido problemas para encontrar aparcamiento. El centro a estas horas es imposible, se decía ella una y otra vez, como forma de auto convencerse de que la decisión tomada fue la correcta. 
Ahora, hace seis meses, que toda la historia comenzó. Fue en la fiesta de celebración del 25º Aniversario de la empresa. Ellos nunca se habían visto. Ella trabajaba como supervisora del departamento de ventas. Él, por el contrario, era el informático de la quinta planta. Sus miradas se cruzaron por primera vez en el cóctel previo a la cena. Ella se cruzó con sus penetrantes ojos, que, descaradamente, estaban recorriendo toda su anatomía. Al sentirse sorprendido, escondió sus pensamientos detrás del camarero de las bebidas espumosas. Ella le buscó entre risas, canapés y sonrisas forzadas sin notable éxito. Pero, el destino previó que volvieran a encontrarse media hora después, en la cuarta mesa a la derecha. Sólo les separaban la secretaria del director general y el informático de la segunda planta, en la cual trabajaba ella. Entre el primero y el postre las miradas fueron furtivas, temerosas, inocentes. Ella se sentía cada vez más tentada de tocar sus labios y sentir la suave piel que los cubre. Sus ojos verdes se veían resaltados por una camisa gris con pequeñas rayas negras. La corbata se sentía frustrada, porque no era costumbre de él cubrir su cuello con tremenda pieza. Sólo se sentía cómodo con vaqueros y viejas camisetas descoloridas por el paso del tiempo. Tres horas después, sus cuerpos se desnudaban mutuamente en una habitación del Hotel Pasadena, en la salida cuatro de la A6. Habitación 212. A partir de aquel día, se encontraban todos los miércoles, a la salida del trabajo. 
Lo que nunca le dijo él, es que llevaba dos años conviviendo con su novia. Y, ahora, otro miércoles más, ella espera su llegada, temerosa de que algún día, él decida no aparecer.
   Ya, han pasado diez minutos. Le daré diez minutos más, decidió ella. Mientras, recorría la habitación en culotes y camiseta de tirantes. Los finos zapatos de tacón descansaban en la entrada; era su forma de decirle que estaba preparada para una buena sesión de sexo. Pelo sobre su espalda. Raya negra sobre sus párpados. 
   Ya habían pasado veinte minutos y su más temible pensamiento se había hecho realidad. Él había elegido a la otra; aunque realmente ella era la otra. La que debía conformarse con sus caricias una vez por semana. La que nunca recibiría una llamada ni un sms. Ésta fue su primera norma, la de él. La que escondía sus lágrimas cada noche en la almohada al imaginarlo devorando a otra. La que se está consumiendo por dentro con cada tic del reloj.