sábado, 4 de diciembre de 2010

Tres


      Eran tres, cada una con su propia historia. Hace tiempo, tuvieron un pasado en común, unos secretos compartidos. Ahora, ahora sólo son simples desconocidas colocadas en rincones diferentes de la vida, del carácter. El tiempo mermó su historia, sus conexiones. Sólo quedan pequeños hilos trasparentes y viejas fotos guardadas en un cajón. Tal vez, su amistad acumuló demasiado polvo; no hay bayeta que limpie tantos años de separación. Fueron una generación, pero en este momento ya pertenecen a otra. Una ama de casa dedicada a cocinar, sin pretensiones de crecer, una jugadora de corazones que nunca se acuerda de reciclar y, por último, aquélla que siente que la amistad se ha desmoronado como un castillo de arena al ser golpeado por una suave ola y siente como su pequeño corazón ha perdido una pieza de la esquinita derecha. La tristeza le invade a cada silencio. Tal vez la amistad siempre había sido etérea y sólo en este preciso instante se ha evidenciado la fragilidad que unía sus manos.