martes, 31 de agosto de 2010

Sin definir

Me hubiera gustado dejar algún texto, pero el día no ha sido muy bueno. La verdad es que hay días que sería mejor no levantarse. Os dejo por unos días. Voy a perderme entre playas y bosques, ruinas de otros tiempos, pasadizos a otros mundos, atardeceres con ojos a medio abrir y, tal vez, locuras de corazón. Espero volver con aires renovados, inspiración a borbotones y medias sonrisas sin descubrir. Besos a tod@s. Entrad en septiembre con recuerdos veraniegos y esperanza de próximas escapadas.

domingo, 29 de agosto de 2010

¿Quién eres tú?


Quiero ser la princesa de mis sueños. Las relaciones públicas de la amistad. El escondite de los sueños. El antifaz de la amargura para de ella poder escapar. Quiero ser la dulce amada. La loca diversión. La tortura del amor. La bailarina de la pasión. Quiero ser el antónimo de la soledad. Quiero ser tu mundo y el mío, y de ellos quiero escapar. El aire de los pulmones. La sangre al brotar. El bote de los recuerdos. La maleta de los sueños. Quiero ser la oscuridad.  O, tal vez, tu despertar. ¿Quién soy yo? ¿Quién eres tú?

















                                                    
  Dibujo obtenido en internet. Autor desconocido

jueves, 26 de agosto de 2010

Estimada


Estimada emperatriz,

Cada noche sueño contigo, deseando acariciar tu cara mientras tus ojos no se apartan de mí. Esa mirada tierna, casi infantil. Pequeños ojos castaños. Hace dos años que no sales de mi pensamiento. Estás anclada en lo más hondo de mi ser. Hasta ahora no me había atrevido a confesar mis sentimientos en voz alta, aunque sólo sea a través de este viejo cuaderno. Nunca podré acercarme a ti lo suficiente, lo que realmente me gustaría. Necesito vaciar mi maleta de ti, de tus recuerdos, de tu sonrisa, de las noches de billar. Sé que debería arrancarte de mis adentros, que tú y yo nunca estaremos juntos. Tal vez, en otro momento. Tal vez, en otro lugar.
Le escucho a él atentamente cuando habla de ti, como si cada palabra compartida por él fueran pequeñas agujas que perfilan mi corazón haciéndolo cada vez más pequeñito.
Pensarás que no te conozco, que nunca he dejado que te acercaras a mí lo suficiente, pero es mejor así. Si me miras, si me sonríes, si te llego a importar, entonces no podré dar marcha atrás. No podré controlar mis emociones, mis ansias de besarte, de subirte conmigo a mi atracción de feria, porque así soy yo, unas veces en lo más alto, pero otras olvido el paracaídas al caer del mundo.
Y, aquí, seguiré, buceando entre mis recuerdos, buscando la salida, donde tú no me esperes, agarrada a él.
Ahora, volveré a ser ese chico solitario, que infunde mágica tristeza. Sólo.  Sin ti.


PD: Duda si subirlo o no porque tal vez no ha quedado como debería. Pero, me apetecía lanzar algo. ¡Espero que os guste! Besos.

Leyendo otras inquietudes

Con el permiso de Almara, he tomado la idea de hacer una pequeña recomendación de aquellos blogs que forman parte de mi lectura cotidiana. Podréis acceder a él en el apartado "Leyendo otras inquietudes", como bien indico en el título de esta entrada, que se encuentra en el margen derecho. Gracias. Besos.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Encuentros de fin de semana


Sintió como rozó su mano tan sutilmente que en cualquier otra situación lo hubiera confundido con una suave pluma dibujando sobre su piel. Sus miradas se habían encontrado los últimos fines de semana. Miradas penetrantes, directas. Ninguno ocultaba su deseo. Cada noche se desnudaban, se perfilaban en la mente del otro como dos viejos amantes encontrados en otra vida, en otro momento. Le había visto marcharse cada noche, dejándola allí, sola, rendida ante él, ante su mirada. Ahora, sus manos agarraban con fuerza su cadera obligándola a moverse al compás de la música, ésa que te invita a balancearte, a fundirte con ella como un único ser. Sus miradas frente a frente se comían mutuamente. Evitaron las palabras, inútiles ante el gentío, y se mecieron dulcemente de un lado a otro. Ella sentía sus pectorales cada vez más cerca de su cuerpo, obligados por el ambiente allí reunido. Sus corazones competían por palpitar más fuerte, más rápido. Ella levantó su mirada para detectar sus carnosos labios, pudiendo así besarlos, como tantas veces había deseado. Un beso largo, apasionado, lento, dirigido por ella como la batuta de una orquesta. A cada beso, él iba lentamente meciendo sus manos por su cintura, su cadera, su trasero. Esculpiéndola en vida, en ese mismo momento. Hacía tiempo que soñaba con esas curvas, que las dibujaba una y otra vez en su viejo cuaderno de dibujo. Ella aparecía en sus sueños, en sus deseos, en sus creaciones. De repente, se descubrió a si mismo sacándola de aquel lugar. Sus manos entrelazadas como una pareja en su primera etapa de amor. Se acabó la música, que ahora ya sólo estaba en la lejanía, la gente que los separaba que permanecían en otro mundo, fuera de ellos dos. 

Allí, en el callejón, se besaron ávidamente como si tuvieran miedo a ser descubiertos, a ser interrumpidos en su momento de amor. Se confesaron sus nombres al oído. Alex y Carla, decían llamarse. Tal vez nombres inventados para la ocasión, tal vez desnudaron su alma. Él fue empujado hacia la pared, quedando así al antojo de ella. Le recorrió su cuello con besos, con su dulce lengua, como quien saborea un helado en pleno agosto con el miedo a que desaparezca entre sus manos. Retiró su camiseta deseando descubrir su cuerpo. Quedó sorprendida al descubrir un pequeño tatuaje en su pectoral derecho. Un recuerdo de otra vida, argumentó él. Carla lo perfiló con sus suaves yemas, sintiendo cada trazo bajo sus manos. Sus pectorales, ampliamente desarrollados a golpe de gimnasio, erguieron al verse intimidados por aquella femenina mirada. Ella continuó su viaje a través del cuerpo de Alex. Descubrió unos bóxer negros que encerraban un bonito trasero. Se deseó encima de él, se imaginó, pero la realidad iba más rápido que su propia mente. Ahora, eran dos cuerpos sudorosos sintiendo cada embestida. Gimiendo en cada suspiro. Los pechos de Carla estaban al descubierto, esperando ser acariciados por las fuertes manos de Alex. Dos desconocidos en un oscuro callejón dejándose llevar por la locura, por la excitación. 

Ella alcanzó a dejarle su e-mail en el bolsillo del pantalón, mientras le atrapaba en un último beso y partió. Dejándole allí, rendido, extasiado, confuso por verla partir sin más. Esta vez era ella quien debía irse.

Alex había disfrutado de su cuerpo, pero no fue suficiente, quería más, la quería a ella. Pero, cuando la desesperación le invadió descubrió su nota en su pantalón. Ella también quería más. Ambos sonrieron en la distancia, cautivados por la certeza de un nuevo encuentro.




















































martes, 24 de agosto de 2010

Mirando dentro de ti

¡Te echo de menos!, se repetía ella una y otra vez. Antes solías estar alegre con mayor frecuencia. Aún recuerdo como los chistes o las gracietas más tontas hacían que te desternillaras de risa. Siempre fuiste de risa fácil. Reías cuando nadie más osaba a hacerlo. Ahora, tu mirada está triste, a cada instante es cómo si lucharas contra el mundo y las fuerzas hace ya tiempo que te abandonaron.
Tienes un recuerdo lejano, casi en el olvido, de la última vez que tus ojos brillaron de felicidad al sentir el maquillaje rozando tu piel. Aquellos pequeños ojos negros perfilados, aclamando que ellos también formaban parte de ti, aunque fuera difícil detectarlos. Y esos labios, oh, dios mío, ¿¡hace cuánto no osan besar!?. Apenas recuerdan el último beso que sintieron. Incluso permanece en el olvido, allí donde has decidido enviar tu vida, a quien creíste merecedor de tal premio. ¿Por qué te has olvidado? ¿Qué desencadenó que creyeras que la vida, tu vida, no fuera lo suficiente valiosa cómo para dedicarte un poquito cada día a ella? Ni siquiera osas mirar allí dentro. Rehúyes cada noche tus pensamientos, miedosa de qué te aclamen un acto de valía. Repudias las viejas fotografías porque ellas muestran el esplendor que había sobre ti.  Ya no reconoces tu cuerpo, maltrecho y pálido por huir siempre del calor, del sol tostando tu piel, del calor de ellos, de tu propio calor.
¿Qué debería cambiar qué te hiciera reaccionar? ¿Qué valdría la pena para levantar la cabeza y mirarte directamente a los ojos? ¿Por qué afrontarías tu realidad, tu vida, lo que tú has creado a tu alrededor? Pena. Humillación. Fracaso. Felicidad. ¿De qué tienes miedo, de quedar herida en un rincón o de ser feliz? Sí, ¡ F-E-L-I-Z! Tal vez no se pueda experimentar la felicidad a cada instante del día, pero habrá momentos que te harán volver a reír, momentos que te ayudarán a despertarte cada día, momentos simples pero felices. Volverás a sentirte querida, cortejada, deseosa de ti misma. ¡Levántate y grita, grita por ti, por tu vida, por tu felicidad! No vuelvas a caer de espaldas a la vida. Habrá peldaños que subir, no los puedes evitar, pero al final, serás tú y sólo tú luchando por tu vida. ¡Levanta y sonríe por tu vida!

lunes, 23 de agosto de 2010

Querer lo suficiente


¿Sabes qué día es hoy?
- ¿¡Domingo!?, respondió dubitativamente ella sin quitar la vista del periódico.
- Puede. No, hoy es 22 de agosto.
- ¿Y?
- Hoy hace tres meses que no hacemos el amor.
- ¿Y?
- Me gustaría que no fuera así. Quisiera que fuéramos como una pareja normal que de vez en cuando se funden en uno sólo.
- No veo por qué tenemos que ser como cualquiera. Nunca me ha gustado ser "normal".
- Ya.
Trás varios minutos de silencio absoluto, él seguía debatiéndose internamente. Cogió fuerzas y alzó la voz para que ella le escuchara.
- ¿Ya no te sientes atraída por mí?
- ¿Por qué lo preguntas?
- Porque ya no hacemos el amor.
- Me pareces un chico muy atractivo, con un cuerpo escultural. Estaría loca si no me sintiera atraída por ti.
- Entonces, no entiendo por qué ya no hacemos el amor.
- No lo sé.
- Ya no te quiero.
- ¿Ya no me quieres?, preguntó ella con la mirada impasible.
- Sí, te quiero.
- Parece que no te aclaras.
- Te quiero, pero de otra manera. Ya no te quiero como antes. Ya no quiero tus abrazos, ni tus besos, ni tu cuerpo desnudo, ni tu mirada sobre mí.
- Si ya no me quieres, ¿qué haces aquí?
- Porque te sigo queriendo por todo lo que hemos compartido juntos. 
- ¿Y qué vas a hacer?
- Tal vez debería irme.
- Tal vez.
- Esta discusión no nos lleva a ninguna parte.
- No estamos discutiendo. Estamos hablando.
- Tal vez ése sea el problema. Las parejas deben discutir.
- ¿Por qué?
- Porque es la única forma de evolucionar, de madurar en la relación.
- No entiendo por qué debemos hacer las cosas porque lo hagan los demás. 
- Yo tampoco te entiendo a ti.

Pasados unos minutos, él avanza hacia la puerta.
- ¿Dónde vas?, le pregunta ella al verle irse sin mirarla.
- Me voy.
- ¿Cuándo vas a volver? 
- Cuando te vuelva a querer lo suficiente para desear hacerte el amor.

       Ella sintió sus pisadas alejándose de la puerta, incluso intuía que no miraría atrás. Hacía tiempo que ansiaba que aquello pasara. Ella nunca se atrevió a hacerlo. Le admiró a él por dar el paso que ella tantas veces suplicaba mientras dormía a su lado. Aquella última vez que hicieron el amor, lo sintió. Sintió que todo había cambiado. Que su corazón hacía tiempo había dejado de acelerarse cuando él la acariciaba o la besaba. Ya no se querían. Ambos lo sabían. A veces es difícil romper con la simple rutina de una relación. Ahora ya había acabado.

viernes, 20 de agosto de 2010

La guitarra

He tirado de viejos repertorios para el video músical de esta semana. Siempre me han gustado los acordes de esta canción y la melancolía que se desprende. Espero que os guste.  


PD: Gracias a todos por vuestros mensajes. ¡Pasad un buen fin de semana! Besos. Beijinhos. Petons.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Nosotros dos.


        Éramos dos extraños para simples mortales, en cambio infinidad de conexiones sentíamos entre nosotros. Sus facciones eran duras, incluso llegaban a ser agresivas, meramente suavizadas por dos almendras que se me antojaban por ojos, delicados y perfilados por una suave sombra verdosa. Mi tímida mirada estaba inquieta, luchando por no dejar de mirarlo, por mirarlo a cada instante, por ocultarme de su penetrante mirada. Sin más. Sin palabras. Se acercó lentamente hacia mí, hasta conseguir plasmar un sabroso beso en mis temerosos labios, con miedo de no ser aceptados por los suyos. De repente, el frío azotaba nuestros deseos. Sentí el frescor del atardecer rozando mi piel. Me sentí viva. Desperté dentro de ese sueño, dentro de él. Sus fornidos brazos abrazaron mi menudo cuerpo. Mi piel me provocó dolor, dolor por tenerlo tan cerca, por sentirlo dentro de mí. Allí, frente a frente, sin palabras sonoras, nuestros ojos increpaban lo que nosotros no nos atrevíamos a pedir. Besé sus labios pidiendo permiso para seguir por su cuerpo. Él me apartó el cabello para poder disfrutar del esplendor de mi fino y blanco cuello, delicado como la porcelana que mi madre recibió el día que se casó, con cuidado por no dañarla, con el deseo de volver a tenerla entre las manos una vez más. Sentí la dulzura de su cuerpo en cada beso impreso desde la oreja hasta el escote de mi camiseta. Sus manos ásperas por dedicarse a esculpir mi cuerpo en cada caricia. Mi camiseta nos miraba envidiosa por no pertenecer al juego, pero suplicante de que aquella vieja camiseta negra la cubriera completamente. Éramos dos cuerpos semidesnudos bailando en secreto al son de la música que se incorporaba por la ventana, amante de nuestros cuerpos. Tal vez no era la banda sonora de nuestras vidas, pero se me hizo acorde a nosotros dos, lo que él representaba y lo que yo creía esconder. Manos luchando por ser las primeras en descubrir nuevos territorios. Me sentía como una novia en la noche de bodas, deseosa y temerosa. Olvidé todas las veces que mi cuerpo había sido poseído por otro. Sentí vergüenza de que otros hubieran llegado antes que él. Me sentí virgen otra vez. Recorrí su torso desnudo, memorizando cada músculo, cada herida, deseando poder reproducirlo eternamente. Apenas cubiertos por la frágil ropa interior, negra para la ocasión. Misterio. Pasión. Descontrol. En mi cabeza todo trascurría lentamente, pero nuestros gestos, nuestros besos eran apresurados, como si fuera nuestra última noche antes de perdernos mutuamente. Como si la vida estuviera predestinada a separarnos y nosotros le estuviéramos robando los últimos suspiros. Sus besos acariciaron mis pezones. Mis labios besaron su esplendor. Cuerpos calientes, sudados, revolcándose entre las sábanas, escondiéndose del tiempo. Sin palabras. Sólo miradas, dulces, cariñosas miradas. Sus manos entrelazadas con las mías jugando a tener el control. No existía el seducido, ni la seductora, sólo éramos él y yo, nosotros. Simples, primarios, salvajes haciendo el amor, culminando nuestro encuentro, penetrados hasta gritar de dolor, dolor por ver el fin de nuestra pasión. Grité y grité. Sentí cómo él invadía mi cuerpo, como nos convertíamos en uno sólo, como formaba parte de él.
De repente, silencio. Dos cuerpos tumbados, uno frente al otro. Relajados. Temblor. Por segunda vez, sus labios lentamente se acercan a los míos dándoles ternura. Frescor. La noche nos arropa como a dos amantes novatos. El atardecer se esconde avergonzado, dando paso al anochecer. Seductora me dirigí a él para alabar su alma, su cuerpo, sus gestos, su pasión. Una sonrisa burlona me dedicó antes de decir: Éste ha sido nuestro primer anochecer, espero que te quedes en cada amanecer.

PD: He tardado en encontrar la inspiración y tal vez no he cogido la adecuada o la esperada. Sólo espero que os guste.

domingo, 15 de agosto de 2010

25

         Sólo quería agradecer a los veinte y cinco seguidores, a los que llegaron los primeros y a los que acaban de aterrizar en este rincón, que me leáis asiduamente así como por los comentarios que me brindáis. Me encanta compartir con vosotros mis inquietudes y poder aprender de las vuestras. Simplemente, ¡gracias!

sábado, 14 de agosto de 2010

Alma oscura


      Siempre me caractericé por ser una persona puntual; mi madre siempre decía que debemos valorar y respetar el tiempo que cualquier persona nos dedica porque somos frágiles como la vida. Sentados en la mesa del rincón, mi netbook, mi móvil, una tetera pequeña con té blanco del Himalaya y yo. Me gustan este tipo de sitios por la variedad de bebidas que acostumbran a tener, igual que variada suele ser la clientela. No como el típico bar de barrio, donde llega a resultar casi ofensivo que una mujer se adentre en los terminales del infierno; alcohol, tabaco y fritanga no es para señoritas de buena familia. Aunque siempre me he preguntado qué significa ser de "buena familia", porque cualquier familia que se tercie tiene sus secretos, sus desvaríos y su oveja negra; aunque se trate de ocultar, la esencia familiar acaba por relevarse. Entre estos desvaríos me encontraban cuando la camarera, típica chica de cara mona, dejó caer una nota. Ni siquiera has empezado a beber, cuando ya te traen la cuenta, pensé. Sin embargo, escrito a mano, con letra redonda y de tamaño mediano, resaltaba: "Es difícil adentrarme en tu mundo si te olvidas el móvil en casa". Lo olvidé. Acostumbro a quitar el volumen al móvil cuando entro en la librería; me gusta perderme entre los tomos, adentrarme en sus mundos, olvidarme de mí, comenzar a ser otra. Sonreí, tal vez como forma de disculpar mi despiste. Allí, parpadeante, estaba "alma oscura" queriendo contactar conmigo. Acepté. Pensé que esta vez, debido a mi descuido, debería ser yo la que entablara la conversación, sin embargo su mensaje no se demoró: 
-Siempre me han gustado las chicas puntuales, las que no te hacen perder el tiempo. Por cierto, ya veo que hoy vienes preparada. ¡Bonita minifalda! Fácil de acceder. 
En un inicio pensé que sólo buscaría un buen polvo, pero ¿desde cuándo los tíos se toman tantas molestias para pasar el rato? Contesté desafiante: Antes de poder acceder a este cuerpo, tendrás que desnudar tu alma. Ataqué con un segundo mensaje: Debo imaginar que nos conocemos ya que sabes demasiado de mí.
Alma oscura: Nunca dije que no nos conociéramos. Mi alma ya está desnuda para ti.
Mika: ¿Soy tu chica frustrada?, ¿buscando venganza por corazones rotos?
Alma oscura:  De nada vale arriesgar cuando sabes que vas a perder. 
Mika: ¿Tan seguro estás ahora de ganar?
Alma oscura: Igual que tu ansia por saber quién soy.
No pude evitar esa media sonrisa; cuando sabes que te están atrapando y no quieres hacer nada por evitarlo.
Alma oscura: Te he buscado en cada mujer que he deseado, que he saboreado, pero no eran como tú. Fáciles de conseguir. Siempre el seducido, nunca el seductor.
Mika: Tengo el privilegio de ser la primera mujer que seduces. ¿Cuántas han besado tus labios antes de que pudieras terminar la frase?
Alma oscura: Eres difícil de convencer.
Mika: He conocido a muchos que tiran de manuales de primaria para seducir. ¿Por qué debo pensar que no eres uno de ellos?
Alma oscura: Si buscara un polvo sin más, ya habría tenido uno con la rubia mona que no para de mirarte porque yo te miro a ti.
Alcé la vista, deseando encontrar esa mirada oscura posada sobre mí, pero se encontraba estratégicamente situado porque no llegué a descubrí ninguna parte de su anatomía.
Pensé mis palabras. Respiré hondo buscando lo adecuado. No lo encontré. Mis pensamientos estaban bloqueados, mis sentimientos, aquellos que un día oculté, salieron sin mi permiso. Un desconocido abrió el candado sin ni siquiera saber dónde lo ocultaba.
Alma oscura: Quisiera desnudar mi alma abrazado a ti, mientras el atardecer se posa sobre nuestros cuerpos desnudos, agitados por la seducción.
Le daba permiso o mantenía el juego eterno hasta llegar a ser inconcluso, sin sentido. Pero antes de que me diera cuenta, tenía sus ojos clavados fijamente sobre mí. Sentí como recorrían mi cuerpo. Como sus labios carnosos esbozaban una sonrisa al encontrarse con los míos. Su tersa piel morena, curtida por el esfuerzo, se contrariaba con la pálida piel que me caracteriza, eterna nieve que no deshace por las lágrimas solares. Su cuerpo se acercaba lentamente mostrándose en todo su esplendor sólo para mí, su musa del recuerdo. Su vieja camiseta negra marcaba un cuerpo musculado, creado por el pincel de un perfeccionista pintor. Lo deseé antes de verlo, lo amé en cuanto lo vi. 
Allí sentados, próximos, sin palabras, descubrimos nuestro mundo frente al otro. Nos mostramos débiles, pasionales, deseosos. 
Su voz ronca deletreó palabras que hacía ya tiempo tenía olvidadas: Quiero ser tu atardecer y estar en cada amanecer.

Seducción, seductor, seducida.


             Decidí salir a tomar algo. En casa me sentía aburrida y necesita algo de emoción, de conversaciones de desconocidos. Fui al nuevo garito que habían abierto. Creaba un ambiente de intimidad, de confesiones a media voz, de locuras a medio hacer. Para evitarme a los típicos moscones que se creen que cada vez que una chica está sola, necesita a un hombre que la entretenga, eché mano a mi netbook. Opté por la mesa del rincón por dos motivos; primero, evitaría los comentarios de "ay, esa pobre chica sola", y dos, tendría una buena perspectiva del personal del local, es decir, de todo aquel tío de buen ver que me pudiera interesar. Pedí un batido natural; una chica segura de sí misma, de su cuerpo, se permite de vez en cuando un capricho calórico sin tener remordimientos, y además era demasiado pronto para beber. 

Tras media hora de observar el local, opté por volcarme en mis asuntos personales en la red. Cuando más inmersa estaba, mi móvil parpadeó. El sistema bluetooth detectó otra red. "Alma oscura" quería contactar conmigo. Miré a mi alrededor, pero no vi a nadie que me mirara detenidamente. No suelo aceptar este tipo de cosas, pero esta vez sentí que podría ser divertido. El primer mensaje no tardó en aparecer en la pantalla; "La mezcla de sensualidad y desafío siempre resulta interesante, aunque tus shorts estarían mejor desparramados por el suelo" Quien fuera me estaba mirando o me había visto entrar. Examiné detenidamente todo el local sin resultado. No podía estar lejos porque la red no lo hubiera detectado. Mi respuesta debió de resultarle eterna, porque llegó un segundo mensaje. "Parece que no te resulta fácil ser la seducida y no la seductora, como viene siendo habitual en ti". Siempre me lanzaba a los chicos, porque pocos se atrevían acercarse a mí. Tal vez mi mirada era demasiado agresiva para ellos, estos ojos negros/castaños penetraban más allá de la primera capa de superficialidad; siempre me ha gustado llegar más allá, no quedarme en lo que uno parece. Quien fuera me conocía bastante bien o simplemente me había visto "en acción". 

Mi respuesta: -Parece que me conoces muy bien.
Su respuesta: - No tan bien cómo me gustaría. Aunque creo que esa máscara de mujer fatal que tiendes a colgarte no tiene nada que ver con tu verdadero ser. 
Mi respuesta: ¿Cómo es mi verdadero ser?, según tú.
Su respuesta: - Eres bastante tímida. Pocos conocen lo que te inquieta, porque siempre llevas esa máscara de tranquilidad sobre tus hombros. Incluso me atrevería a decir que tu complejidad va dando tumbos por tu cabeza. El eterno debate, lo que es y lo que debería ser. Soñadora innata. Algo cabezona, incluso resabidilla en algunas ocasiones. Ojos penetrantes, que espero se posen en mí.
He de reconocer que me quedó perpleja. Necesitaba saber quién era, cómo era, necesitaba más de esa "alma oscura".
El móvil volvió a parpadear. - Parece que he desnudado tu alma. ¿Cuando me dejarás desnudar tu cuerpo?
Busqué palabras que no encontraba. Me sentí perpleja, desnuda ante un desconocido. 
Mi respuesta: Soy bastante más complicada que para dejarme seducir en un primer encuentro. 
Su respuesta: ¿Me estás pidiendo un segundo encuentro? Pensé que era yo el seductor.
Mi respuesta: Eres tú el que me observa, yo la que se deja observar, desnudar por un desconocido.
Su respuesta: Me tendrás que ofrecer algo para un segundo encuentro. 
Quería conocerlo, palpar esa alma. Pero, nunca se lo podía dejar ver. 
Las dudas me recorrían el cuerpo, la inseguridad, la fragilidad, estaban presentes en mi cabeza. Me sentía débil ante aquel desconocido. Necesitaba luchar, recuperar mi ser, mi máscara.
Mi respuesta: Te ofrezco mi tiempo. Mañana estaré aquí. ¿Te atreverás a venir o sólo te gusta jugar?
Su respuesta: Hace tiempo que deseo jugar contigo, Mika.
Se desconectó de la red.





viernes, 13 de agosto de 2010

Maldito sea el tiempo

Cuando nos adentramos en nuestro primer mundo social, donde somos completos desconocidos, donde no sabemos si alguien se dignará o no a mirarnos, tenemos pies de cristal, no es necesario llamar demasiado la atención. Sin embargo, por dentro pedimos, NO, suplicamos que algunos de los allí presentes nos mire y nos sonría; parece que cuando hay una sonrisa de por medio todo desaparece, todo es más simple. La verdad es que no recuerdo cuando fue el día que conocí a mis viejas amigas, (después de haber sobrevivido a un colegio, a un instituto y a la universidad, tengo derecho a considerarlas "viejas amigas") aunque sí recuerdo el momento en que los lazos de unión comenzaron a desaparecer. Lo que antes era nuestro punto de unión, ya desapareció. Diferentes mundos, diferentes ciudades, en definitiva sentimientos diferentes. Echando la vista hacia atrás, me replanteo algunas amistades, porque cuando miro, veo que somos totalmente diferentes; letras contra ciencias, nunca nada fue más contrario. Tal vez por eso la distancia sea más llevadera, si nunca hubo punto de unión porque nos íbamos a mantener pegadas. Ahora toca adentrarse en otro mundo social, pero nunca fui partidaria de las grandes aglomeraciones. Era más fácil crear lazos cuando se tenían ocho o diez años, ahora con veinte y muchos, todo es más complicado. Yo sigo siendo igual de extraña, complicada en algunos casos, pero sobre todo difícil de conocer. La cáscara de timidez nunca se rompe desde dentro, es necesario tener la clave desde fuera. ¿Te atreves a descubrirla?

No puedo quitar mis ojos de ti

Como viene siendo habitual, os dejo este videoclip para que deis la bienvenida al fin de semana. El mio no promete muy agitado, espero que el vuestro sea más animado.

http://www.youtube.com/watch?v=nucLzfdom4A

jueves, 12 de agosto de 2010

¿Por qué lo hacemos?


          Siempre he querido escribir, pero realmente nunca me he puesto a ello. Para ser sincera, mis primeros contactos con la escritura han sido a través de este blog (aunque deja mucho que desear si hablamos de escritura propiamente). Bueno, tuve un intento de escribir un diario durante algún tiempo, pero luego releía mis propios pensamientos y yo misma los debatía. ¡Un fracaso! También tengo una idea en mi cabeza pero aún queda mucho para darle forma. Ahora, leyendo "Los diarios de Carrie" (una lectura fresca viene bien de vez en cuando), me pregunto, ¿cómo se aprende a escribir, a narrar una historia realmente coherente y crear personajes creíbles? (es algo que se pregunta la protagonista y que he trasladado a mí) ¿O hay que escribir mucho y leer mucho para llegar tener algo factible entre las manos? ¿Qué os motivó a vosotros a escribir o desarrollar otra acción artística? Espero que alguien se anime a colaborar en mi duda existencial.

martes, 10 de agosto de 2010

¿Quién soy yo?


        No quiero ser yo. Quiero ser esa niña olvidada. Quiero ser esa mujer aprendiendo a serlo. Quiero ser esa desquiciada que ve la vida con una pizca de locura. Quiero ser la seguridad que contonea en cada paso. Quiero ser las curvas que conducen tus manos. Quiero ser la extasiada de tanto amor. Quiero ser la brisa fresca que entra por la ventana cuando el otoño empieza a despuntar. Quiero ser el cuerpo sudoroso después de una tarde de locura en el sillón. Quiero ser esos tacones que recorren tu cuerpo. Quiero ser ese corsé sexy que cae entre las sábanas. Quiero ser esa mirada esquiva. Quiero ser esa vieja Barbie olvidada en el cajón. Quiero ser. Quiero ser el bote de tus sueños. Quiero ser una fotografía en blanco y negro. Quiero ser una moneda de cincuenta olvidada en el bolsillo. Quiero olvidarte cada noche. Quiero recordarte en cada amanecer. Quiero ser nuestra canción. Quiero y no quiero ser yo.

domingo, 8 de agosto de 2010

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        Me gusta perderme en mi rincón. Ser yo sin temor. El anonimato nos da la fuerza para explorar nuestra alma, nuestro pensamiento, llegar allí donde nunca nos atreveríamos. Éste es mi rincón. Deseo perderme en él, sentir las palabras deslizándose por mis dedos, explotar mi imaginación o simplemente extraer viejos sentimientos de la caja del olvido. Espero avanzar y aprender de mi misma, sorprenderme a cada instante de mi propio ser. Por eso estoy aquí, relatando mis sentimientos, áquello que fue o lo que nunca será. 
Imagen extraída de internet. Autor desconocido.



La primera sensación


         Su mirada triste penetraba hasta el fondo del alma de quien osaba mirarla. Pocos fueron los valientes quienes arañaron esa cáscara que cubría su corazón. Éste tiene una rasgadura por cada atrevido que la cautivó. Aún recuerda al primero, el roto más grande, como si hubiera sido el único. Sus ojos verdes, grandes, siempre la sonreían, escondidos debajo de aquel casco negro. Cada mañana de aquel verano, ellos crearon su propia comunicación. Él, en su moto Yamaha, azul metalizado. Ella, con sus libros en la mano. Las primeras veces, se miraban esquivamente con el temor y la curiosidad del amor recién estrenado. Momentos de segundos, sensaciones eternas. Sin embargo, una mañana, ella no apareció. El dolor se lo impidió. Al día siguiente, ella, ilusionada, aunque temerosa, se acercaba a su punto de encuentro, pero el rugir de la cilindrada no apareció. Sin embargo, un chico apoyado sobre la barandilla del puente, la miraba fijamente. Recorría sus curvas con su mirada, su verde mirada. Ella, sintió como las palpitaciones invadían cada poro de su piel. Cuando llegó a su altura, escuchó por primera vez su dulce voz:
-Ayer no te vi. Eché de menos tu mirada sobre mí.
Ella, con un hilo de voz: -Lo siento. No me encontraba bien.............Yo también te eché de menos. Una dulce sonrisa le dedicó a aquel atractivo chico.
-¿Quieres dar una vuelta en la moto?, osadamente él le preguntó. 
-¿Me llevarías a tu mundo?
Él, sonrió. 

  

sábado, 7 de agosto de 2010

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Vacaciones!!!!!!!!!!

      Desde las 15.00 horas empecé a sentir como mi cuerpo se relajaba, mi mente desaceleraba y mi pensamiento dejaba atrás todos aquellos asuntos pendientes. Ya hoy me considero oficialmente de vacaciones; ahora tengo un "mesecito" por delante para seguir leyendo (este verano he metido la quinta marcha con los libros) ¡Nerviosita esperando mi próximo paquete de la FNAC!, disfrutar de no hacer nada, seguir planeando la escapada con mi chico para finales de mes y cuidarme un poco que siempre hace falta. Yo voy al contrario de la mayoría de la raza humana. Normalmente cuando el verano amenaza, la humanidad va en tropel a los gimnasios o centros de estéticas para conseguir aquello que desean; yo, todo lo contrario. Ahora es cuando me mentalizo y sigo una rutina en cuanto al gimnasio se refiere. Espero ver algunos resultados para finales de mes, así me motivo y continúo. Como parece que el madrugón de esta mañana se hace notar (no consigo mantener los párpados en pie), os dejo con el siguiente videoclip. ¡Espero que os guste!


Praia da Adraga (Lisboa)