martes, 23 de marzo de 2010

Cambios y aceptación

Sonaba el despertador. Su primer pensamiento era la báscula, si subía, si bajaba o si se mantenía. Pasó de niña a mujer. No reconocía su cuerpo frente al espejo. Donde antes había firmeza y delgadez, ahora acampaba celulitis y dimensiones desconocidas para ella. Donde antes había vacío, ya sólo se veían pechos firmes. Todo fue sin avisar. Ahora debía controlar aquellas necesidades que antes sólo eran comentarios vanos. Debía esquivar miradas lascivas de sus compañeros, de sus vecinos, de los transeúntes. Antes que ella pasaba desapercibida, ignorada por el mundo, vivía en su caparazón. Ahora, es una mujer sugerente, llamativa para el mundo. Cada noche analizaba su cuerpo y maldecía cada grasa acumulada en los rincones de su cuerpo. Pasó de niña a mujer. Ahora sólo le quedaba esperar, esperar hasta disfrutar de su cuerpo; conseguir mantener su imagen durante minutos frente al espejo.

Pérdidas

Echaba la vista atrás y recordaba aquellas tardes de batidos y compenetración. Ya sólo quedaba el humo de aquellos recuerdos. Habían desaparecido las confidencias, las miradas cómplices. Ahora sólo tenía las viejas experiencias de juventud vividas. Le dolía aquella pérdida, aquella complicidad de amistad entre adolescentes. Ahora se han convertido en dos conocidas donde prima la educación y lo correcto, pero ya no existe la amistad. Los años taparon de polvo los lazos entre las dos. Ya no hay tardes de compras ni de risas. Sólo queda el vacio. Ahora, busca tapar esa falta con una nueva amistad, díficil de crear sin aventuras de juventud vividas. Esperar que la vida le devuelva aquella vieja sensación escondida en el margen del recuerdo.