martes, 26 de enero de 2010

Cada noche....................

Cada noche las voces vuelven a mí. Los recuerdos de aquellos que se quedaron en el camino, que no siguieron mis pasos, ahora se vuelven lejanos, aquellos que ya quedaban guardados en la parcela de olvido. Ahora vuelven a mí. Azotan sus nudillos contra mis recuerdos. Ahora deciden seguir mis pasos, pero, ahora, soy yo quien cambió el camino. Quien prefirió dejarlos en el olvido. ¿Por qué osáis a trastornar mi calma? Pero cada noche, vuelven a mí. Los recuerdos se transforman en ansiosos deseos del presente. Lucharé. Cogeré mi espada y os batiré en duro duelo. Lucharé hasta que os apartéis de mi camino. Hasta que volváis a mi cajón de los desastres, donde guardo todo lo inservible, como sois vosotros para mí.

Miedos

Quisiera poder plasmar aquello que me persigue, que lucha por salir de mis dedos, pero la mente bloquea los buenos pensamientos, aquellos que poseen fuerza, que trasmiten ideas. El miedo escénico, a éste otro lado de la pantalla, hace bombear a mi corazón, mis venas se convierten en charquitos de un día de lluvia primaveral y yo, yo no me atrevo a saltar sobre ellos por miedo a que la tez blanca de estos menudos pies se manche de alegría, de satisfacción. Todos tenemos nuestra parcelita del miedo, aquella donde vamos guardando las malas experiencias, los malos recuerdos, nuestras inseguridades personales creando un globo cada vez más inflado, pero que nunca llega a explotar. Los miedos son consecuencia de las inseguridades personales. O tal vez los consideréis una resistencia a la felicidad, a que aquello que deseamos pero que no nos atrevemos a mostrar, a que se haga realidad. Y, aquí estoy intentando con la aguja en la mano, pero sin acercarme al globo, por miedo a explotar.

La responsabilidad de la relación

Compartir la vida con otra persona te permite vivir grandes momentos de felicidad, sentir el pálpito de la alegría rozando tu mano. Pero, también te crea una responsabilidad constante por no defraudar a la otra persona. Sin embargo, es difícil mantener ese nivel de exigencia. Es difícil ser aquello que la otra persona busca. A veces no te das cuenta. A veces la inexactitud se apoderada de mí, las palabras toman dimensiones ocultas, y sin meditarlo se clavan como miles de agujas en el corazón de tu interlocutor.
No hay más que pedir perdón, agachar la mirada y esperar que el corazón perdone lo que a la mente le cuesta. Y, aquí, me encuentro en esa eterna espera, deseando que llegues como si nada hubiera acontecido, como si nunca te hubiera defraudado. Con una imitación de sonrisa, una mirada llena de amor principiante, dispuesto a todo, dispuesto a volver a arrancar la carrera de esta vida juntos. Porque es difícil no hacer una pequeña parada para tomar conciencia, para juntar nuestras manos, nuestras miradas y seguir el camino de esta vida, que juntos decidimos escribir.