viernes, 5 de junio de 2009

No quería ser ella


Acostumbraba a ocultarse bajo unas grandes gafas, estilo años 70, para evitar que alguien se fijara en ella. No quería ser ella. No quería recordar a ella. Alta, guapa, inteligente, ambiciosa. Todo lo que deseara, ella lo tenía, pero no quería ser ella.
Quería pasar desapercibida. Ocultarse bajo la sábana del anonimato. Con catorce años aprendió a ocultar su cuerpo, un cuerpo de mujer, voluptuoso, deseable para cualquiera, perfecto. Luchaba por huir de ella, y, sin embargo, se parecía tanto a ella. Su madre. Ella fue la primera que no pudo ver más allá de aquella belleza perfecta. No importaba la inteligencia, ni la fuerza, ni la lucha, sólo la perfección. No quería ser ella. La belleza desaparece. Se olvida. Ella quería cruzar la meta. Ser recordada por su trabajo, su amor, su ilusión.
Cuanto le dolieron aquellas palabras: Era una belleza espectacular, con una gran sonrisa. No había más qué decir. Ésa era su madre. Palabras expresadas por un marido dolorido que pierde el bastón de su vida. Ella sólo era eso. No quería ser ella.

Lluvias de verano


Cada día, al caer la tarde, se sentaba en su pequeña terraza. Sobre aquellas viejas sillas heredadas de su abuela, que el pasado verano intentó modernizar con una de esas técnicas de los programas de televisión para torpes. Le gustaba ver a sus vecinos, a los que nunca saludaba. Era como ser el sol viendo seres pequeñitos que mueve con sus hilos. Asomando un rayo, se despojan de su ropa. Una gota aplastada sobre el asfalto era suficiente para tener un mal día.
Sin embargo, ella no era marioneta en manos de la naturaleza. Sentada en aquella terraza, vio con la tarde cambiaba su ánimo; de una alegre sonrisa se pasaba a miles de gota golpeando su cuerpo desnudo. Allí, sentada, permaneció, sintiendo el frescor. Ella pensaba que las lluvias veraniegas le daban libertad. Purificar su cuerpo de los excesos veraniegos y las noches sinrazón. El olor penetraba hacia el fondo de sus pulmones, cerrando los ojos se trasladaba a épocas de libertad. Sin dependencias tecnológicas, sólo ella y la hierba fresca bajo sus pies desnudos. Cuanto ansiaba huir de aquellos bloques de hormigón, y sentirse en libertad.